Hoy hablamos con Salva Reina, uno de esos actores que han sabido ganarse al público a base de oficio, verdad y una enorme versatilidad, y que presenta en el Festival de Málaga Solos, donde da vida a Tomás en una historia coral sobre la amistad, las grietas de la madurez y la soledad contada con humor ácido y empatía. La entrevista llega, además, después de un hito muy especial en su trayectoria: el Goya a mejor actor de reparto por El 47, que ha marcado un antes y un después en su carrera.
¿Qué fue lo que más te atrajo de Tomás, un personaje que ha elegido la enseñanza y una forma de vida alejada del dinero y del éxito convencional? ¿Tenía el director claro que tú ibas a hacer este personaje?

Primero me dijeron que querían que formara parte de ese grupo de actores y luego todo fue encajando poco a poco. La verdad es que cualquiera de ellos habría estado fantástico. Lo que más me atrajo fue, sobre todo, que es una historia bastante generacional. Creo que a quienes más puede tocarles es a los que están entre los treinta y largos y los cincuenta y pocos, porque seguramente se van a sentir muy identificados con lo que les pasa a estos personajes. Pero también trata temas universales, así que la puede ver todo el mundo y la va a entender, disfrutar o incluso sufrir. En mi caso, una de las cosas que más me atrajo es que hablaba de cuestiones que me tocaban en lo personal. Luego, hablando con Guillermo, me contó el tono que quería darle, conocí al resto del reparto y fue maravilloso. Hacer esta película, echarla a andar, fue un reto muy bonito.
¿Cómo trabajaste con Carlos Santos esa amistad de años para que en pantalla se notaran tanto la confianza como las posibles heridas o diferencias?
Con Carlos Santos fue muy fácil trabajar esa relación de años, porque lo importante no era forzar una química nueva, sino partir de algo muy natural. Entre los dos había escenas muy tensas, con frases muy duras, pero también había una confianza previa que ayudaba muchísimo. No hacía falta ser amigo íntimo para construir eso, porque nuestro oficio también consiste en mirar al otro, dejarse guiar por el director y encontrar juntos la verdad de la escena. Además, me gustó mucho que la película no planteara una amistad idealizada. Habla de esas amistades reales en las que, a veces, tu amigo te cae mal, no compartes su manera de pensar o de actuar, pero aun así lo quieres y lo mantienes en tu vida. Creo que Tomás y Javi se quieren muchísimo, pero también chocan en ciertos aspectos, y eso aflora en la película. Trabajar con Carlos fue un placer, porque es un compañero maravilloso y un actor increíble.
En Solos buscamos un tono que no se fuera ni al melodrama ni a la comedia fácil; la clave era que todo saliera desde la verdad.
Salva Reina, sobre su papel en Solos
Solos mezcla temas muy íntimos como el miedo, la pareja, el trabajo o la muerte con humor, ternura y empatía; ¿cómo encontraste tú el tono justo para interpretar a Tomás dentro de ese equilibrio?

Buscamos el tono junto a Guillermo, el director, porque la película estaba en un límite muy delicado: no quería que se convirtiera en un melodrama excesivo, de esos que resultan demasiado pastosos, pero tampoco en una comedieta ligera que le quitara verdad a lo que les pasa a los personajes. Creo que la clave fue trabajar siempre desde la verdad, desde el corazón y desde las entrañas, como se suele decir. Esa naturalidad, esa sensación de cotidianeidad, era precisamente lo que buscaba el director y lo que, para mí, acaba dándole a la película su tono.
Al final, la intención era que el espectador o la espectadora sintiera que estaba dentro de esa cena, dentro de esa reunión de amigos, como un miembro más de la mesa. Había textos que, quizá, no eran los más normales en una conversación entre amigos, eran un poco más elevados, pero el trabajo consistía precisamente en eso: en hacer que todo sonara cotidiano, cercano, como si de verdad estuvieras cenando con ellos. Y creo que ahí está la clave de la película.
¿Se ha quedado mucho en la sala de montaje?
Sí, bastante, pero también en un sentido positivo. Guillermo nos dio libertad, aunque trabajábamos con poco tiempo y no podíamos improvisar de más, así que cada toma estaba muy concentrada y tenía mucha vida propia. Rodábamos planos largos, y eso hacía que en cada toma viviéramos realmente la cena en el momento en que tocaba, con toda la tensión, la incomodidad o el giro que pidiera la escena. Eso también hacía que el trabajo fuera muy orgánico, porque cada toma era distinta y te obligaba a estar siempre presente, muy atento a lo que pasaba alrededor.
Creo que Guillermo ha montado la película con muy buen criterio, precisamente para que no se quedara en una película que pudiera hacerse pesada en algún momento. Le ha dado un ritmo muy dinámico, tanto en el montaje como en lo visual, y eso ayuda muchísimo a que la historia fluya y no pierda energía. Sí que quedaron cosas en el tintero, claro, porque siempre hay pequeñas escenas o detalles que se quedan fuera, y además teníamos un final alternativo. Pero al final decidimos que el cierre que quedó es el perfecto, así que ya veremos cuándo aparece esa versión del director, porque yo encantado de verla.
Todavía me cuesta que no me vean solo como actor cómico, aunque la comedia es algo a lo que no renuncio en absoluto.
Salva Reina
Empezaste en televisión con el personaje de Fede en SOS Estudiantes entre 2004 y 2008; cuando miras aquel arranque, ¿qué recuerdas haber aprendido entonces que todavía siga contigo como actor?
SOS Estudiantes era una sitcom total, de esas que ya casi no se hacen con público, y la recuerdo con muchísimo cariño y muchísima felicidad. Para mí fue, sobre todo, lanzarme al vacío y empezar a aprender de verdad, porque en aquel momento estaba haciendo prácticamente mi primera experiencia audiovisual. De esa etapa me llevé cosas muy básicas, pero fundamentales, como aprender de los compañeros y las compañeras detalles tan sencillos como entrar “a primera”, que yo ni sabía muy bien qué significaba al principio. Fue una especie de masterclass constante, porque además el elenco era increíble, al principio dirigía Juanma Lara y después pasaron muchos directores, con guiones muy divertidos de José Julio Blanes, Álvaro Carrero y otros guionistas.
En realidad, aquello fue una experiencia maravillosa para mí, porque estaba aprendiendo mientras trabajaba, que es algo que en esta profesión no dejas de hacer nunca. Y creo que ese arranque me dejó justamente eso: la idea de que siempre hay algo nuevo que observar, absorber y poner en práctica.
Antes de consolidarte en pantalla, también venías del humor y del teatro con Full de Reyes y Reina junto a Pedro Reyes; ¿qué huella dejó esa etapa en tu forma de entender la comedia y el oficio?
Yo creo que al final el teatro es una verdad incontestable y un salto al vacío maravilloso. Si de verdad te gusta actuar y te gusta esta profesión, para mí el teatro es lo máximo, porque esa conexión tan directa con el público no la tienes en ningún otro formato. A mí me encanta el teatro y siempre intento no dejar nunca las tablas de lado, porque además creo que son la base de todo. Esa etapa con Full de Reyes y Reina y con Pedro Reyes, en ese sentido, dejó una huella muy importante en mi manera de entender la comedia y el oficio, porque me recordó que actuar es, ante todo, estar vivo delante de la gente.
En 2014 llegó un punto de inflexión con tus papeles en 321 días en Míchigan y La isla mínima, que además te dieron reconocimientos en Málaga; ¿sentiste ahí que tu carrera daba un salto importante hacia el cine?

Claro, en ese momento no me planteé algo como “esto va a ser un punto de inflexión en mi carrera”. Yo me lo tomé, sobre todo, con muchísima felicidad, con ganas de disfrutar el momento y de seguir aprendiendo, que es lo que intento hacer siempre. La verdad es que estaba flipando con la posibilidad de seguir haciendo proyectos, de ir encadenando películas y de pensar: “Ostras, otra película, qué guay”. También recuerdo con mucha intensidad esa sensación de que se acuerden de uno, de que cuenten contigo, porque eso te hace sentir muy agradecido. Pero no lo viví desde la perspectiva de estar subiendo un escalón en la carrera, sino más bien desde la emoción de seguir trabajando y seguir creciendo.
El gran público te asoció mucho a la comedia en series como Allí abajo, pero después también te vimos en registros más dramáticos como Malaka; ¿te costó que la industria dejara de verte solo como actor cómico?
No utilices el pretérito. Todavía me cuesta. La gente me asocia mucho a la comedia y a mí me encanta, de hecho no renuncio a ella para nada, porque el sentido del humor y la risa son fundamentales en mi vida, no solo en lo profesional. Creo que la industria, y en general la vida, tiende a meter a la gente en cajetines, porque así todo resulta más fácil: este es esto, aquella es lo otro, y ya está. Y precisamente por eso hay que romper con esas etiquetas, aunque siga costando. Aun habiendo hecho thrillers, dramas y otras cosas muy distintas, todavía tengo la sensación de que sigue siendo un camino en el que hay que demostrar continuamente. Pero también me siento muy afortunado, porque al final lo que quiere un actor o una actriz es precisamente eso: poder hacer cosas diferentes y seguir aprendiendo sin parar.

De hecho, se me viene a la cabeza la película La cena donde me gustó mucho como se trabaja el tema de los acentos de esa película. Es algo que se ve muy poco: un personaje con acento murciano otro que tiene acento andaluz…
Al final esa mezcla le da mucha verdad a la película. Yo creo que la vida es un poco así: no hablamos todos igual, ni pensamos igual, ni venimos todos del mismo sitio, y eso debería verse también en la pantalla. Creo que durante mucho tiempo esta industria cometió el error de neutralizarlo todo, de quitar matices y de hacer que los personajes sonaran de una manera casi uniforme. Y eso, para mí, empobrece mucho. Hoy te sientas en una terraza y no encuentras a dos personas que hablen exactamente igual; cada uno tiene su forma de hablar, su origen, su historia, su realidad.
Los acentos están instalados en nuestra sociedad y es lo que le da riqueza. Al final, el cine tiene que reflejar eso: una sociedad plural, diversa y llena de matices.
Salva Reina
En mi caso, yo nací en Canarias, me crié en Málaga pero mi familia es de Pizarra, un pueblo de interior, aunque ahora vivo en Madrid. Todo eso forma parte de quién soy. Por eso creo que, afortunadamente, estamos rompiendo poco a poco esas etiquetas y esos prejuicios. Los acentos y las realidades ya están instalados en nuestra sociedad, y precisamente eso es lo que le da riqueza. Al final, el cine tiene que reflejar eso: una sociedad plural, diversa y llena de matices.

Ya por último, En los Goya 2025 conseguiste el premio a mejor actor de reparto por El 47, y fue además tu primera nominación; después de un camino que empezó hace más de veinte años en SOS Estudiantes, ¿qué significado tiene para ti llegar a ese reconocimiento en este momento?
Fue abrumador. Lo viví con muchísima intensidad, sobre todo porque no deja de ser un reconocimiento que te dan tus propios compañeros y compañeras, y eso se siente como una muestra de cariño enorme. Cuando recogí ese premio pensé algo así como: “qué chalaura es esta”. Después de un camino que empieza hace más de veinte años, llegar a ese momento me hacía sentir muy agradecido y emocionado, porque además era mi primera nominación y vino acompañada de un reconocimiento muy especial.
Salva, muchísimas gracias por tu tiempo y suerte con los proyectos.
Muchas gracias a vosotros.
Entrevista a Salva Reina realizada el 8 de marzo de 2026 dentro del Festival de Málaga. Editada para aportar claridad.