Entrevista a Fernando Franco: «La idea de “La luz” nace del enfado y la indignación»

Teníamos muchas ganas de hablar de La luz, la nueva película de Fernando Franco, estrenada el pasado 5 de junio. Se trata de un drama protagonizado por Alberto San Juan que pone el foco en la culpa, la memoria y la responsabilidad dentro de la Iglesia, a través de la historia de Manuel, un sacerdote muy querido por su parroquia que se plantea colgar los hábitos cuando un oscuro episodio de abusos en su pasado amenaza con salir a la luz. El estreno llega, además, en un momento especialmente significativo, coincidiendo con la visita del Papa a España y abriendo una reflexión incómoda sobre cómo las instituciones afrontan sus propias sombras.

Alberto San Juan en La luz de Fernando Franco

Fernando Franco, sevillano, es uno de esos cineastas que película a película plantea dilemas morales y explora la complejidad psicológica de sus personajes. Autor de una filmografía tan personal como valiente, su cine no rehúye las grandes preguntas ni las grietas de la sociedad, y La luz no es una excepción: al elegir el punto de vista de un sacerdote que, en cierto modo, busca la redención, la película se atreve a mirar el problema desde un ángulo poco habitual y a interpelar directamente al espectador.

Muchas gracias por contar conmigo. La idea de la película nace, en realidad, del enfado, de la indignación de Merry Colomer, productora ejecutiva de Morena Films y también andaluza, sevillana. Ella llevaba tiempo leyendo en la prensa las noticias sobre la investigación de El País acerca de los abusos y los encubrimientos en la Iglesia, y pensó que era oportuno hacer algo sobre este tema, porque prácticamente no hay nada hecho en nuestro país, cuando aquí los casos son muy graves y las estadísticas resultan escalofriantes.

Me llamó y me dio total libertad para abordar el proyecto desde donde quisiera, con una condición: que no fuera una película ‘sobre abusos’ en el sentido más explícito, sino sobre lo que a ella más le interesaba, que es cómo una institución que debería ser modélica en la gestión de este problema no lo es, y recurre a técnicas de encubrimiento, traslados, etcétera.

La luz cuenta el viaje del personaje entre la contrición y la atrición, entre el perdón sincero y el perdón más instrumental, y me interesa dejar espacio al espectador para que decida cuánto de sincero es en cada momento.

Fernando Franco, director y guionista de La luz

A partir de ahí empecé a documentarme y a investigar. La idea de no plantear la película desde el punto de vista de la víctima, sino del victimario, surge precisamente de esa documentación. Vi que en España hay muy poco hecho y que, fuera, casi todo lo que existe está contado desde el lado de las víctimas. Me planteé entonces darle la vuelta al punto de vista y enfocarlo desde ahí. De ahí nace el personaje de Manuel Monsalve, al que interpreta Alberto San Juan.

En La luz vemos a un sacerdote hondamente arrepentido: afronta los hechos, asume las consecuencias, busca a sus víctimas para pedirles perdón, solicita la dispensa papal y se pone a disposición tanto de la justicia civil como de la disciplina canónica.

Fernando Franco, director y guionista de La luz

La idea era que su arrepentimiento fuese atravesando diferentes fases. Durante la documentación, y también recordando que estudié doce años en un colegio religioso, me interesó mucho esta distinción de la moral católica entre contrición y atrición. La contrición sería pedir perdón de manera sincera, desde el amor, la verdad y un convencimiento profundo. La atrición, en cambio, es un perdón más instrumental, en el que buscas un fin último, una especie de beneficio.

Para mí La luz cuenta precisamente el viaje del personaje entre esos dos sentimientos: cómo se mueve de una cosa a la otra. Y me gusta dejar un margen de maniobra al público; me interesa que haya espacio dentro de la película para que cada espectador discierna cuánto de sincero es en cada momento y cuánto no.

Hemos dicho que Alberto San Juan interpreta a Manuel, este sacerdote atrapado por la culpa. Pero en el reparto también están Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana, Luis Callejo o Ramón Barea, entre otros. Un auténtico repartazo. ¿Cómo ha sido trabajar con tanto grande?

Un lujo absoluto. A varios ya los conocía: con Luis Callejo ya había trabajado, con Pedro Casablanc también, y con Ramón Barea coincidí en La herida. Son actores de primera división, de Champions. Algunos tienen papeles más puntuales, que se concentran en una secuencia, y también está el trabajo de Nacho Sánchez, que interpreta a una de las víctimas. Con Paula y Arancha, mis directoras de casting, hicimos una especie de carta a los Reyes Magos: dijimos ‘nos gustaría Miguel, nos gustaría Ramón…’. Les mandamos el guion a todos y todos dijeron que sí. Fue genial, porque era el plantel soñado y el plantel que finalmente tuve.

Alberto San Juan, Ramón Barea y Pedro Casablanc en La luz de Fernando Franco

La luz se ha estrenado justo coincidiendo con la visita del Papa a España, con el tema de los abusos en la Iglesia en primer plano. ¿Cómo has visto sus declaraciones y la gestión de este asunto? ¿Te han parecido tibias, insuficientes?

Creo que, para empezar, no ha sido una gestión muy afortunada, por todo lo que ha rodeado este asunto. Primero se dijo que no se iba a reunir con ninguna de las asociaciones que habían solicitado encontrarse con él. Después se habló de un posible encuentro a puerta cerrada, pero sin estar claro porque no figuraba en la agenda. Al final, me da la sensación de que ha habido tanta presión que se han visto obligados a hacer algo, pero lo que han hecho ha sido elegir a víctimas que están bajo el paraguas de dispositivos diseñados por la propia Iglesia, mientras que no han recibido a las asociaciones que habían pedido formalmente esa reunión. La respuesta oficial ha sido que no había tiempo para todo y que las recibirán en Roma.

Esto genera un gesto que, de cara al titular, funciona: “el Papa se reúne con víctimas de abusos”. Mucha gente me decía: ‘Bueno, al final la presión ha servido’. Pero si te quedas solo en el titular, la sensación puede ser esa; sin embargo, si miras con detalle lo que ha ocurrido, no es exactamente así.

Tú eres también autor del guion. La historia que cuenta La luz es ficticia, pero claramente basada en una realidad muy documentada. Has trabajado con un gran volumen de informaciones, testimonios, artículos… En ese proceso de investigación, ¿te encontraste más gente dispuesta a hablar o a callar?

Nuestro objetivo último era poder hacer la película con total libertad creativa, contar lo que queríamos contar, apoyándonos en un proceso de documentación muy exhaustivo y largo. Pero también éramos conscientes de que, según a qué puertas llamáramos, las cosas se podían complicar más o menos. Por eso, desde el principio, la productora y yo tuvimos claro que debía ser, a toda costa, una producción independiente: no depender de terceros que pudieran cambiar de línea editorial o de criterio y complicarnos la película en mitad del camino. Y estoy muy agradecido de que haya sido así, porque de otro modo realmente se podría haber torcido todo.

En cuanto a con quién hablamos, sabíamos que había puertas más afines que otras. Hemos estado en contacto con gente de la Iglesia, con sacerdotes e incluso con instancias relativamente altas, pero sabiendo que algunas están más concienciadas, tienen una vía más reformista y están muy de acuerdo en que se hagan cosas, se visibilice el problema y se intente erradicarlo, y otras no tanto. Nosotros hemos llamado, sobre todo, a aquellas puertas que intuíamos que nos iban a recibir con mejor cara.

Alberto San Juan y María Galiana en La luz de Fernando Franco

La película está funcionando muy bien. Ayer fui a verla aprovechando la Fiesta del Cine y la sala estaba completamente llena; probé un par de salas y en ambas había mucho público. ¿Está siendo una buena primera semana?

Sí, estamos contentos. Por un lado, con la visita del Papa sabíamos que iba a haber conversación sobre el tema que toca la película, simplemente por el hecho de que venía a España. De hecho, adelantamos la fecha de estreno para coincidir con ese contexto y no llegar tarde a la discusión. Ha habido un esfuerzo de promoción importante: el equipo de prensa, la productora y la distribuidora se han volcado, y yo estoy muy agradecido. Inicialmente se barajaba diciembre como posible fecha de estreno, pero si hubiéramos ido allí nos habríamos quedado fuera de toda esta conversación pública.”

Además, la Fiesta del Cine ha ayudado mucho: las salas se han llenado esos días y eso siempre da un empujón a las películas que están en cartel. Y luego está el boca-oreja, que está funcionando muy bien. Hay gente que nos escribe para recomendarnos la película, para contarnos que le ha gustado mucho. Estamos muy contentos con cómo están yendo las cosas.

Pienso inevitablemente en La mala educación, de Almodóvar, que también exploraba este asunto, aunque desde otro punto de vista. Este año tuvimos a Daniel Giménez Cacho en el Festival de Málaga y hablábamos con él de aquel cura abusador al que interpretó en 2004. Pero, como decías, desde La mala educación prácticamente no se había vuelto a tratar el tema en la ficción española.

Se toca muy poco desde la ficción. Sí es verdad que hay trabajos documentales muy interesantes sobre el tema, aunque tampoco son tantísimos. Y una cosa que yo comentaba desde el principio es que, al final, parece que permea más la ficción que el documental. Yo soy un entusiasta del documental, pero al gran público le llega más una película de ficción: es más fácil que llegue a salas, que la gente acuda a verla, sobre todo si cuenta con un reparto potente. Desde el inicio tenía claro que quería que la película fuese algo que la gente viera para generar conversación, para que se pensara sobre el problema. Por eso optamos por la ficción como vía principal para contar esta historia.

Teníamos claro que debía ser una producción independiente, sin depender de terceros que pudieran complicar la película; sabíamos qué puertas de la Iglesia estaban más concienciadas y podían recibirnos mejor.

Fernando Franco, director y guionista de La luz

Además de director, tienes una larguísima trayectoria como montador.

No lo he dejado, ¿eh? Lo que pasa es que ahora estoy encadenando dos películas seguidas como director y tengo menos tiempo. Pero sigo montando. Las dos últimas que he montado han sido Robot Dreams y Los pequeños amores, de Celia Rico, y ambas ya después de haber dirigido. Para mí el montaje es una vía de aprendizaje constante. No lo entiendo como un ‘salto irreversible’ del montaje a la dirección, sino como un ida y vuelta: una cosa alimenta a la otra.

La luz confirma a Fernando Franco como una de las miradas más incisivas del cine español contemporáneo. Enhorabuena por la película y muchas gracias por dedicar tiempo a conversar con nosotros.

La luz (Fernando Franco, 2026)

Alberto San Juan


Entrevista a Fernando Franco realizada el 11 de junio de 2026 por Paco Casado y Esther Luque y emitida en Cadena SER Málaga. Editada para aportar claridad.

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