Blue Jasmine, Woody Allen haciendo cine social

Cita anual con el maestro, y como siempre que habla el maestro nosotros nos tenemos que callar. Incluso cuando se equivoca tenemos que guardar silencio porque hasta de esos errores se aprende. Y porque es el maestro, porque lleva lo que lleva a sus espaldas se le debe un respeto y un compromiso, el de estar, año tras año hasta que la luz se apague, sentado en la butaca a ver que nos tiene que contar, con qué nos quiere remover el alma.
Woody Allen haciendo cine social. Si me lo llegan a decir hace un tiempo hubiera soltado una carcajada. Pero la actualidad manda, y esta crisis que estamos viviendo ha afectado hasta a los protagonistas de las películas de Allen, la clase alta. Esa clase alta rancia, que se cree que se merece estar donde está por encima de los demás, y si de paso pisotea al resto mejor.
Podemos decir que Blue Jasmine es perfecta en cuanto al elenco de personajes. Tanto la protagonista, Jannette/Jasmine, como los secundarios, están tan bien dibujados, tan bien perfilados, que me daría vergüenza ser guionista en Hollywood. No recuerdo un elenco así desde hace mucho tiempo. Ah, sí, en Match Point.
Blue Jasmine es una historia tan real, tan auténtica que duele. Lo que nos narra nos lo podemos creer, porque ha pasado en la realidad. Una familia que está en lo más alto (gracias a aprovecharse del dinero de los demás) de repente un día cae a lo más bajo. Y es ahí donde empieza lo bueno, con la nueva Jasmine totalmente histérica tratando de vivir esa nueva vida que ya había olvidado.
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La moraleja de Blue Jasmine es también muy buena. La gente no cambia o no quiere cambiar. La gente no aprende de sus errores pasados, sobre todo si es a costa de inflarte de ganar dinero y vivir una vida idílica. Porque vivir honradamente no merece la pena. Ser mediocre, ser un currante, no es suficiente para Jasmine, y no se cansa de decírnoslo a nosotros y a los personajes que le acompañan en esta nueva etapa.
El retrato social que realiza Woody Allen es sublime en todas sus capas. No se le escapa una, como ya ha demostrado en decenas de ocasiones y es capaz de construir un guión complejo y aparentemente sin fisuras. Algo que ya que ya soñarían muchos del gremio.
Por otro lado, para el final Allen tira de un recurso que ha usado alguna vez: el giro final. Durante todo lo que dura la película no entendemos esa histeria que embriaga al personaje de Jasmine y entonces BAM, sueltan la bomba y todas las piezas del puzzle se componen. Desde ese momento nos compadecemos de Jasmine, pese al odio que ha ido generando durante toda la trama y sentimos pena por ella.
Sin duda estamos ante la mejor película de Woody Allen desde Match Point. Una auténtica obra de arte y radiografía fidedigna de las altas esferas de la sociedad.

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